La idea me venía dando vueltas hace tiempo, y un día concreté una reunión con el jefe de carrera. La cosa es que la vuelta a la Universidad se volvía algo concreto: ya no era una promesa a futuro, sino que empezaba a presentar los papeles para que se reconocieran las materias que había aprobado. También debía comenzar a estructurar mi estudio.
Era todo entusiasmo, eran todos gratos recuerdos, el renacer de una vocación frustrada y la sensación de estar de nuevo con toda la energía para aprender. O, al menos, para ordenar y profundizar conocimientos que fui adquiriendo, en forma desordenada, a lo largo de mi vida.
Cuando comenzó el calendario académico, todo fue entrar a los foros, ver videos, asistir a algunas clases virtuales y mucha lectura. Venía descubriendo un mundo nuevo, con herramientas y lenguajes que no existían hace décadas. Pero no había previsto algunas cosas.
La cosa era más compleja de lo que parecía. El día ya no tiene la misma elasticidad. Las obligaciones de un adulto son otras. Las prioridades también.
Y por ahora, eso me alcanza para seguir adelante.


